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La terraza del frangipani, Mia Couto

La terraza del frangipani, Mia Couto

En el Mozambique profundo, aparece (y desaparece) un cadáver sobre la costa de un asilo de ancianos, otrora fortaleza portuguesa. El xipoco de un carpintero reencarna en el investigador. Todos los internados son sospechosos. ¿Culpables? ¿Cómplices? Un policial atípico en África.

La terraza del frangipani, de Mia Couto, una nouvelle típica del escritor mozambiqueño; un policial atípico para lectores del género. Leer a Couto nos adentra siempre en el pasado y en las tradiciones de Mozambique. Su estilo tan particular habla por sí mismo y es coherente con sus ideas. Con él, aprendo a escuchar historias.

LA TERRAZA DEL FRANGIPANI – MIA COUTO

«Lo que en Europa se considera mágico en África es normal: aquí no se muere, se transita», le dijo Couto a Paco Nadal¹.

«El mar aquí carga más traición que olas». (p. 51)

La terraza del frangipani, Mia Couto

Mozambique independiente. En el interior olvidado del país, un medio-fallecido que habita desde hace 20 años bajo un frangipani (árbol) se entera por su mascota, un pangolín, que debe volver al mundo de los vivos. Remorir. Exactamente en el sitio que tiene sobre su cabeza, un solitario asilo de ancianos, antiguo fuerte colonial, al que se accede sólo en helicóptero. El fantasma tiene una semana de plazo y se hospedará como «pasa-noche» en el cuerpo de un policía que debe investigar un asesinato.

  • Pangolín: come hormigas y lo matan por sus escamas. En Mozambique, según La terraza del frangipani, creen que vive en el Cielo y baja a la Tierra a dar un mensaje sobre el futuro.
  • Frangipani: árbol que pierde sus flores blancas y recuerda que el tiempo pasa.

El asunto es que el muerto apareció sobre las rocas de la playa (el director del asilo); y desapareció; y apareció; y desapareció nuevamente. Misterio. ¿Quién fue? La enfermera, la viuda del muerto-desaparecido, la hechicera, el niño-viejo, el viejo portugués y el anciano vagabundo cuentan historias laberínticas. El policía, con fantasma dentro, está cada día más mareado. 

«Quiere condenarlos, ¿sabe por qué? ¡Porque tiene miedo de ellos! (…) Estos viejos son el pasado que usted reprime en el fondo de su cabeza. Estos viejos le hacen recordar de dónde viene…». (p. 87)

La forma vaga del relato –testimonios enmarañados y en diferentes formatos, una trama imprecisa y un «guion» (puesto en el interrogatorio del investigador) que aparenta perder el rumbo– me provocó cierta ansiedad. La experiencia de lectura en La terraza del frangipani me resultó igual de bamboleante que para el detective Izidine Naita conocer la verdad.

Algo de esto me sucedió con Venenos de Dios, remedios del Diablo (2019): hay que resolver una desaparición entre mentiras, fantasías y recuerdos de dos viejos que dejan tan confundido al protagonista como al lector.

Las cosas con Mia Couto son así: el crimen en sí mismo importa menos que entender una cosmovisión propia, símbolos, metáforas y significados. Somos todos extranjeros en un mundo con sus propias reglas. Un crimen enredado con el pensamiento mágico y la historia del país africano. Paciencia. Por algo es atípico.


LA TERRAZA DEL FRANGIPANI – GPS

Libros de Mia Couto
La confesión de la leona (Alfaguara, 2025); Un río llamado tiempo, una casa llamada tierra (UNSAM, 2016); La terraza de frangipani (Edhasa, 2019) y Venenos de Dios, remedios del Diablo (Edhasa, 2021)

MIA COUTO

¿Quién es Mia Couto? Un obsesivo de la amnesia colectiva, un gran narrador, un poeta y un biólogo que colaboró durante la pandemia de covid; entre muchas otras cosas.

«Dentro y fuera de esa fortaleza estaba la percepción de que la guerra civil no solo fue motivada políticamente. Fue una guerra hecha contra la forma de la modernidad, que se veía como una amenaza para el sistema social más antiguo basado en una lógica de lazos familiares, de lazos con la tierra, con autoridades tradicionales».* (Entrevista para Infobae, junio 2021)

COUTO: HERMOSO INTRADUCIBLE

Guillermo Saavedra, fantástica la traducción; Couto es la pesadilla de quienes asumen esta tarea. El escritor africano, dueño de su propio portugués, maravillosamente lírico y capaz de inventar intraducibles que desafían las leyes de la naturaleza lingüístico-académica, obliga a hacer lo imposible para sostenerlo en el idioma que sea.

«Desde hace casi cuarenta años, Mia Couto está empeñado en desentrañar las contradicciones y desgarramientos de su país y en restañar, por via de una escritura conmovedora, sus hondas heridas, frutos amargos del colonialismo, de los enfrentamientos étnicos y de una guerra civil que desangraron Mozambique, pero no sus ricas, diversas y antiquísimas tradiciones». (Guillermo Saavedra, «Notas de traductor» en La terraza de frangipani, Ed. Edhasa, 2021)


MÁS LITERATURA AFRICANA (ÁFRICA 55): en este enlace

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RECOMENDACIONES Y REFERENCIAS
¹ Entrevista de Paco Nadal para El País
 

 

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