Lima centro, relax y agua

En Lima es usual hacer recorridos históricos y gastronómicos o caminatas por la playa de Miraflores. Hay otras opciones menos visitadas que son una pequeña muestra de la vida local y de tiempos modernos en un destino donde predominan los atractivos coloniales y arqueológicos. La ciudad es grande, tiene muchos distritos y no todo es turístico. El centro, en general, es más económico que otros barrios, especialmente los fines de semana. En esa zona, dos parques aportan lo suyo; uno para el día, otro para la noche.


¿Imprescindibles? Para un turista quizá no, para un viajero quizá sí. No hay imprescindibles; cada uno construye su viaje.


Parque de la Exposición: arquitectura y pokemones 

El Parque de la Exposición es familiar, limpio, tranquilo y seguro. Hay dos museos ─el MALI (Museo de Arte de Lima) y, enfrente, el Museo de Arte Italiano (único del Perú con arte europeo)─, cafetería, servicios, artistas callejeros y dos edificios que son una maravilla: el Pabellón Morisco y el Pabellón Bizantino. El sitio es una buena posibilidad para ver a los limeños (los principales concurrentes) en acción, en su cotidianeidad, en su ocio, en sus costumbres; incluso hay quienes hacen micro-turismo (limeños conociendo Lima).

Si ven una pequeña multitud mirando hacia abajo, no se preocupen; no están tramando una protesta o un acto delictivo: están concentrados cazando pokemones. De todas las edades, oficios, formas y colores, en la capital del Perú, son fanáticos de Pokémon (para los que no saben: es un videojuego del celular; la gente debe salir de su casa y, sin perder la vista de la pantalla, callejear buscando a otros para ganar). Los lugareños dicen que el Parque de la Exposición es la “sede principal” y el punto de encuentro de los gamers.

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Pabellón Morisco (arriba) y Pabellón Bizantino (abajo)

El Pabellón Morisco es casi francés, lo diseñó Gustav Eiffel, el mismo de la Torre (y de la Estatua de la Libertad de Nueva York); los materiales los trajeron de Francia, y lo montaron en Lima. Los dos Pabellones están en exhibición, sin otro uso, y pueden verse sólo por fuera. Están muy bien conservados y mantenidos; teniendo en cuenta que son de fácil acceso público, es milagroso (o una enorme muestra de respeto) que estén tan limpios y no huelan a orín. Eso habla mucho de la cultura del país, tanto o más que las propias edificaciones.

Los dos son muy fotogénicos; la gente se saca selfies, los usa como locación de sesiones fotográficas más o menos profesionales y también sigue buscando pokemones. El Anfiteatro del Parque es un buen espacio para descansar, observar y espiar. Los limeños van a esperar, porque bajo el parque funcionan talleres de música y danza. Un tip: asómense, cualquiera puede hacerlo; es una manera natural y gratis de ver y escuchar folclore peruano. Los profesores suenan exigentes y se ven buenos; los alumnos, también.


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Lustrabotas, Anfiteatro y artista callejero

Parque de la Reserva: donde el agua se olvidó de ser agua

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Fuente del Arcoíris

El Parque de la Reserva es un gran complejo de fuentes (con el récord Guinness por su cantidad) que guarda el Circuito Mágico del Agua. Se puede visitar de día o de noche, pero antes del atardecer es un sitio cualquiera (quizá, si hace calor, vale para refrescarse). Es un espacio precioso… y muy acuático; un recorrido relajado por 12 inmensas fuentes coloridas, fantasiosas, temáticas y, algunas, interactivas. Por momentos, el agua se olvida que es agua, toma formas rígidas, helicoidales, geométricas; y se confunde creyendo que es hierro, fuego o humo.

A veces las fuentes invitan al juego, la gente corre, las atraviesa, se ríe y las toca; y ahí recuerdan que es agua pese a que quiso engañarlos. Para los pequeños (y muchos grandes) es una fiesta. De martes a domingo, a las 19.15, 20.15 y 21.30, hay show. Las multitudes se amontonan en un espectáculo muy original: aguas gigantescas en movimiento, luces láser, música, imágenes y hologramas.

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La Fuente Mágica (arriba y abajo-derecha) sorprende cambiando de texturas y colores y alcanza 80 m de altura. La otra fuente (abajo izquierda) es la más concurrida: un laberinto circular con efectos sorpresa hace que todos griten, corran y se empapen.

Es normal que la gente se moje y circule literalmente chorreando. Para eso van. Importante: hay cambiadores/vestidores (para los que quieran experimentar la humedad), puestos de comida sencillos, estacionamiento y baños.

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La Cúpula es para los que quieran estar dentro de una ebullición, sin mojarse. La Armonía es perfectamente sólida y geométrica, parece hierro candente

Soliciten un mapa porque el lugar es bastante grande y está dividido en dos áreas separadas por una autopista; el pasaje entre una y otra es subterráneo y en la oscuridad no es muy visible. La entrada es económica; abre de 15 a 22.30 (el horario nocturno es el más concurrido); el ambiente es muy familiar; y es un buen plan para hacer con niños.

La salida es segura aunque sea de noche; para regresar, lo mejor es un taxi (hay mucha oferta en la puerta; pero de ser posible, usar alguna app).

 

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