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Fiebre de carnaval, Yuliana Ortiz Ruano

Libro Fiebre de carnaval de Yuliana Ortiz Ruano

«Yo igual ya sé cómo funciona el mundo en el que vivimos, pero me hago la gringa, la idiota, la mojigata de mierda». Una infancia marginal, afroecuatoriana, musical. Una pequeña narradora demasiado viejita, según sus tías.

Fiebre de carnaval, Yuliana Ortiz Ruano. Esmeraldas, provincia afroecuatoriana del litoral, cercana en geografía y cultura a Colombia, Panamá, el Caribe.

Una niña entre el mujerío de su casa y el altar a la diosa-bisabuela en el medio de la sala. El mundo adulto, la realidad y la violencia del entorno se le revelan precozmente.

«Ecuador es uno de los países donde menos se reconocen los aportes hechos por la comunidad afro»¹.

De la herencia negra, africana, en Ecuador, habla la novela de Yuliana Ortiz Ruano, poeta esmeraldeña, también autora de Canciones desde el fin del mundo.

FIEBRE DE CARNAVAL – YULIANA ORTIZ RUANO

«Usted parece viejita, mijita, sea más niña, más despreocupada, y empezó a cantarme una canción de Jeanette para que me durmiera».

«Crecer es no poder abrir la boca cuando las cosas te disgustan, pensé, y tampoco lo dije en voz alta; total nadie me estaba escuchando».

Ainoha, la narradora, tiene 8 años; es criada por el cariñoso ñañerío –las tías, orgullosas de ser negrísimas–, por mami Checho, por papi Manuel y por mami Nela bajo el yugo del patriarca familiar –el abuelo– que mete miedo y saca el cinturón en pleno día.

Oído de tísica, curiosa, flaca y apesta –la regañan las ñañas– de tanto subirse a los árboles; con pelo afro trenzado o repeinado hasta el dolor. Usa calzones de Mickey Mouse, se refugia entre las ramas de los guayacanes y participa en mentiras brujeriles. Y le gusta bailar, su ñaño Jota le enseñó a sacudirse a los tres.

«La gente entraba en una especie de trance y brincadera, las paredes vibraban, la casa iba a ser tumbada sí o sí al son del Saboreo»

Nació en Limones, la isla  –Galápagos no es la única– ignorada de Ecuador; donde el calor azota, el carnaval –que en ese rincón no conoce de calendarios– descontrola a todos y los narcos han afectado la tranquilidad de sus habitantes.

En Fiebre de carnaval suenan –truenan– Los Van Van, la Lupe y los Pimpinela las 24 horas y sacuden caderas como si eso «sostuviera el mundo». Un libro donde los ritmos, la lengua, los olores –»a güisqui, tabaco y cuero, el olor del obrero»– y los ruidos –rumbas, olas y disparos– son huellas digitales de un barrio caliente retratado con sus luces y sombras.

-MALENA FERNÁNDEZ


YULIANA ORTIZ RUANO

“Pensé en la infancia, en la etimología de infancias, en las infancias afrodescendientes, en las infancias de orilla, que tienen una particularidad distinta a una infancia urbana”.»²

TENER FIEBRE NO ES DE AHORA, HACE MUCHO TIEMPO QUE EMPEZÓ³

«Desde hace unos cuatro años he investigado sobre el baile y la danza en la diáspora negra en América Latina y el Caribe. El baile y la música siempre han sido espacios importantes de reivindicación. En la segunda reforma a la esclavitud, se redactó un estatuto en el que se obligaba a los esclavizadores, los amos, a que tuvieran un espacio para que la gente bailara e hiciera música. Esa era la única forma de que continuarán trabajando.¹

(…) En Esmeraldas, las fiestas se hacen los domingos y duran hasta el amanecer. En lo festivo hay felicidad, alegría, goce, pero está una parte dolorosa, alienada y violenta. El carnaval es la fiesta donde se condensan mejor ambas vertientes».¹

FIEBRE DE CARNAVAL: GPS

 


 

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FUENTES Y ENLACES RECOMENDADOS
¹Entrevista a YOR para La Ninfa Eco.
² Nota en Hogar. 
³ En versión de «Fever», por La Lupe. Cantante cubana de los 60 y 70 citada en la novela.

 

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