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Santa María de las flores negras, Hernán Rivera Letelier

Libro Santa María de las flores negras, de Hernán Rivera Letelier

Uno de los rincones más áridos e inhóspitos del mundo: Atacama. Hace 150 años, empresarios extranjeros instalaron salitreras que acumularon dinero de tracción humana. Los obreros del desierto atravesaron el silencio, la soledad y el espejismo de las arenas pidiendo dignidad.

Santa María de las flores negras, de Hernán Rivera Letelier, recuerda que no todo ocurre en las grandes ciudades, que el norte también existe y hay mucho por contar. En este caso, uno de los primeros levantamientos masivos proletarios.

Una huelga histórica y trágica. La masacre de la escuela Santa María de Iquique –callada, difamada e impune– con el tiempo se transformó en leyenda, en novela, en cantata de los Quilapayún y en bandera de las luchas sociales.

SANTA MARÍA DE LAS FLORES NEGRAS – HERNÁN RIVERA LETELIER

«La Escuela Santa María vio sangre obrera, la sangre que conocía solo miseria.

No hay que ser pobre, amigo, es peligroso. No hay ni que hablar, amigo, es peligroso»,

-cantan los Quilapayún.

En 1907, “una especie de ejército salitrero salvador, una épica y desharrapada caravana de hombres, mujeres y niños que atravesaban uno de los parajes más inclementes del mundo para exigir por justos derechos laborales” llegó hasta el puerto de Iquique. Muchos vieron por primera y última vez el mar.

La Gran Huelga. Cuando Hernán Rivera Letelier decidió escribir esta historia, la gente la conocía –como él– por una de las canciones más populares del folklore chileno. Y la conocía así, lejana: la masacre de los pampinos ocurrida hacía más de un siglo.

El autor nortino inventó personajes, les puso rostros a los muertos. Investigó, se documentó y reconstruyó la travesía, los días en la Escuela Santa María y el final. Fundió su propia sensibilidad con un paisaje que le es propio. No imaginó el desierto, lo entiende; se crio ahí.

Santa María de las flores negras es un libro fundamentalmente humano, un homenaje de Letelier a sus compañeros y a su padre, mineros. Su literatura y su carácter son inseparables de su propia historia. Un escritor muy querido. Dicen que no se es nortino si no se ha leído a Letelier.

EL HECHO

Familias enteras –14 mil personas– esperaron pacífica y estoicamente respuestas. Una semana. Hacinados en una escuela. Completamente indefensos.

Santa María de las flores negras recuerda a Rulfo, a esos escenarios resecos que nos agrietan los labios y a la desigualdad que nos revienta de bronca. A Letelier le creemos todo: masticamos palillos y coca todo el día, nos rodeamos de buitres, quebramos la espalda a un sol de 40 grados, lloramos por sed para poder tragar nuestras lágrimas y soportamos doce horas sin comer.

La criminalización de los movimientos sociales continúa; como la negación de la pobreza, como el hambre. Que la dignidad se haga costumbre.


SANTA MARÍA DE LAS FLORES NEGRAS: GPS

santa maria de las flores negras
Santa María de las flores negras en la antigua Intendencia (hoy museo) de Iquique, donde pidieron justicia en la puerta y se la negaron.

LAS SALITRERAS Y EL ORO BLANCO

Entre 1830 y 1930, se instalaron salitreras en el norte de Chile que funcionaban como ciudades. Atacama, la pampa ganada tras la Guerra del Pacífico, se fue conquistando durante la fiebre del “oro blanco”.

Los amos extranjeros reclutaron («engancharon») a chilenos del sur y a inmigrantes argentinos, bolivianos y peruanos; y se hicieron millonarios. Los obreros vivieron una verdadera esclavitud encubierta; en condiciones infrahumanas sin protección jurídica.

masacre escuela santa maría
Homenaje/exposición en la exsalitrera Humberstone a la masacre. Iquique. Desierto de Atacama.

Santa María de las flores negras entra en la cultura, el lenguaje y los oficios propios creados en las salitreras (lean, también, La Reina Isabel cantaba rancheras.)

La mina San Lorenzo, donde comienza la novela, fue la llama que encendió el movimiento. Consecuencias de La Gran Huelga (ni la primera ni la última): mejoras, ninguna; más de 3000 muertos; ensañamiento con los sobrevivientes y felicitaciones a los coroneles.

salitreras de iquique
Exsalitrera Humberstone, a 50 km de Iquique, etapa más humanizada para la familia pampina.

SALITRERAS ACTUALES

Al norte de un país alargado, el Desierto de Atacama, visitado por extranjeros y chilenos, ofrece un paisaje único por su cielo, su geografía y su clima. La mayoría de las salitreras desaparecieron. En Antofagasta queda la única en funcionamiento.

En Iquique, Humberstone y Santa Laura, convertidas Patrimonio de la Humanidad y en pueblos fantasma, pueden conocerse. Pertenecen al Museo del Salitre. La primera muestra lo social; la segunda, lo laboral-industrial. El complejo intenta testimoniar la vida del obrero pampino.

Visita a las salitreras Humberstone-Santa Laura: en este enlace

EL MINERO Y LAS SALITRERAS

Hernán Rivera Letelier escribió por primera vez por hambre. Con un poema se ganó una cena en un hotel lujoso; casi pierde el premio por hippie. «Mar, desierto y montañas»: en Antofagasta tiene todo lo que desea.

En el documental («Libros de arena») que les comparto en este enlace, habla sobre él, sobre Santa María de las flores negras y las minas, que ocultan historias blancas y negras; y muestra su ciudad y los restos de las salitreras.

 

LITERATURA CHILENA: en este enlace

LIBROS: en este enlace

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