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Vulnerables: Santa María de las flores negras

Cuadro Quarto Stato

Uno de los rincones más áridos e inhóspitos del mundo: Atacama. Hace 150 años, empresarios extranjeros instalaron salitreras que acumularon dinero de tracción humana. En 1907, los obreros del desierto atravesaron el silencio, la soledad y el espejismo de las arenas pidiendo dignidad. Una huelga histórica, trágica, convertida en novela.

Santa María de las flores negras, de Hernán Rivera Letelier, le recordó a Chile que no todo ocurre en las grandes ciudades, que el norte también existe y que en las provincias hay mucho por contar. En este caso, uno de los primeros levantamientos masivos proletarios.

La masacre de Santa María de Iquique –callada, difamada e impune– con el tiempo se transformó en leyenda, en cantata de los Quilapayún y en bandera de las luchas sociales.

santa maría de las flores negras
La Gran Huelga: «caían filas enteras de la nata humana, como monos».

SANTA MARÍA DE LAS FLORES NEGRAS – HERNÁN RIVERA LETELIER

En 1907, “una especie de ejército salitrero salvador, una épica y desharrapada caravana de hombres, mujeres y niños que atravesaban uno de los parajes más inclementes del mundo para exigir por justos derechos laborales” llegó hasta el puerto de Iquique. Muchos vieron por primera y última vez el mar.

santa maría de las flores negrasEL HECHO: familias enteras –14 mil personas– esperaron pacífica y estoicamente respuestas. Una semana. Hacinados en una escuela. Completamente indefensos.

Cuando Hernán Rivera Letelier decidió escribir esta historia, la gente la conocía –como él– por una de las canciones más populares del folklore chileno. Y la conocía así, lejana: la masacre de los pampinos ocurrida hacía más de un siglo.

El autor nortino inventó personajes, les puso rostros a los muertos. Investigó, se documentó y reconstruyó la travesía, los días en la Escuela Santa María y el final.

Rivera Letelier fundió en las páginas su propia sensibilidad con un paisaje que le es propio. No imaginó el desierto –lo entiende; se crio ahí– y relata sobre lo que sabe.

santa maría de las flores negras
Iquique se llenó de trabajadores pacíficos. El pueblo pobre se solidarizó; los ricos los creyeron delincuentes; y el gobierno los asesinó.

Santa María de las flores negras es un libro fundamentalmente humano, un homenaje de Rivera Letelier a sus compañeros y a su padre, mineros.

«La Escuela Santa María vio sangre obrera, la sangre que conocía solo miseria. No hay que ser pobre, amigo, es peligroso. No hay ni que hablar, amigo, es peligroso», cantan los Quilapayún. 

La literatura y el carácter de Rivera Letelier son indisolubles de su propia historia, del calor y de una geografía en la que encontró poesía. Un escritor muy querido. Dicen que no se es nortino si no se ha leído a Letelier.

LAS SALITRERAS Y EL ORO BLANCO

Entre 1870 y 1930, se instalaron salitreras en el norte de Chile que funcionaban como ciudades. Atacama, la pampa ganada tras la Guerra del Pacífico, se fue conquistando durante la fiebre del “oro blanco”.

Los amos extranjeros reclutaron a chilenos del sur y a inmigrantes argentinos, bolivianos y peruanos; y se hicieron millonarios. Los obreros vivieron una verdadera esclavitud encubierta; sin protección estatal y en condiciones infrahumanas.

visitar salitreras
Humberstone, una de las salitreras que se conserva y puede visitarse.

Santa María de las flores negras entra en la cultura, el lenguaje y los oficios propios creados en las salitreras (lean para profundizar La Reina Isabel cantaba rancheras, también de Letelier).

La mina San Lorenzo, donde comienza la novela, fue la llama que encendió la mecha del movimiento.

Consecuencias de La Gran Huelga –ni la primera ni la última–: mejoras, ninguna; más de 3000 muertos; ensañamiento con los sobrevivientes y felicitaciones a los coroneles.

Santa María de las flores negras recuerda a Rulfo, a esos escenarios resecos que nos agrietan los labios y a la desigualdad que nos revienta de bronca. A Letelier le creemos todo: masticamos palillos y coca todo el día, nos rodeamos de buitres, quebramos la espalda a un sol de 40 grados, lloramos por sed para poder tragar nuestras lágrimas y soportamos doce horas sin comer.

La criminalización de los movimientos sociales continúa; como la negación de la pobreza, como el hambre. Que la dignidad se haga costumbre.

-MALENA FERNÁNDEZ

salitreras de chile
Salitreros pampinos: chilenos, argentinos, bolivianos y peruanos. Principios del siglo XX. El origen del movimiento trabajador.

SANTA MARÍA DE LAS FLORES NEGRAS – GPS


 

salitreras del Norte de Chile
Hernán Rivera Letelier escribió por primera vez por hambre. Con un poema se ganó una cena en un hotel lujoso; casi pierde el premio por hippie. «Mar, desierto y montañas»: en Antofagasta tiene todo lo que desea.

SALITRERAS DE CHILE

Al norte de un país alargado, el desierto de Atacama, visitado por extranjeros y chilenos, ofrece un paisaje único por su cielo, sus características geográficas y climatológicas.

La mayoría de las salitreras desaparecieron o se convirtieron en pueblos fantasma. Queda una sola en funcionamiento; y dos, convertidas en Patrimonio por la Unesco, museo y atracción turística.

A 50 km de Iquique, llegan en menos de una hora desde el puerto. Auto, taxi, bus o tour privado. Info y tickets: en este enlace.

Humberstone-Santa Laura pertenecen al Museo del Salitre. La primera muestra lo social: casas, teatro, escuelas, pulperías. Santa Laura, los espacios de trabajo y los procesos industriales. El complejo intenta testimoniar la vida del obrero pampino, la época del «oro blanco» y la conquista de una de las tierras más hostiles del planeta.

UN MINERO QUE ES ESCRITOR

«Más que un escritor que fue minero, pienso que aún soy un minero que es escritor», se define Hernán Rivera Letelier. Nació en Talca, sur de Chile, y fue trasladado con su familia a las minas del norte. Su mamá murió cuando tenía 9 años por la picadura de una araña.

Se quedó solo, en una choza detrás de un templo evangélico. Vendía diarios, iba a la escuela, no tenía amigos. Viajó unos años de mochilero y volvió a su norte, a las minas. Se instaló en Antofagasta, su lugar en el mundo.

Rivera Letelier encontró poesía en el desierto.

Cada día, a las 11 de la mañana, toma un café en el centro, sonriendo. Búsquenlo si quieren conocerlo, ya saben dónde. Este documental habla sobre él, sobre Santa María de las flores y las minas, que ocultan historias blancas y negras; y muestra su ciudad y los restos de esos centros de explotación.

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