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La pez, Gabriela Larralde

La pez Gabriela Larralde

Entre la leyenda, la crónica de viaje y el diario personal, la autora argentina subvierte el mito de la sirena europea y lo transforma en una versión autóctona del río Paraná que transcurre a fines del 1400 durante la Conquista de América.

La pez, Gabriela Larralde. Un grupo de conquistadores-exploradores a la orden de la corona española capturan en las islas de Apipé (hoy, Corrientes) una pez. Para llevar el especimen a Isabel, heredera del trono de los Reyes Católicos y para «estudiarla». Naturalistas, marinos y su Alteza; tan fascinados como asustados.

Isabel quiere saber si es más india que pez o más pez que india. Y la quiere para ella.

LA PEZ – GABRIELA LARRALDE

«El nativo porfía en su saber. O fue verdad o fue alarde», reflexiona el Almirante.

Ángeles y demonios; mujeres-ave en la Antigüedad y anfibias después, las sirenas de Occidente han torturado y seducido maliciosamente a los hombres. También ha habido amores.

La de esta historia vive en grupo y convive con guaraníes, tiene piernas y no es la blanca y sacrificada Ariel. Cara marrón, de india; escamas en los brazos; dientes filosos y sexo femenino. Un ser bravo, salvaje e indómito que se defiende: la pez está cautiva pero no domesticada.

En el libro La pez, Gabriela Larralde se mete en la leyenda de la sirena –más como medio crítico que como literatura fantástica–, revisiona la colonización y desgrana el raciocinio del conquistador, esos hombres y mujeres que transicionaron a una parte del mundo hacia la «modernidad». La invasión no solo fue territorial, lingüística y religiosa. Nos «enseñaron» a pensar. Cuando ellos hablan de la pez, en verdad, hablan más de sí mismos: eurocentristas, machos y colonizadores.

LOS MITOS

«Las ideas se defienden con historias»

Mia Couto; escritor mozambiqueño.

«La verdad, toda, no puede ser dicha», piensa el almirante que se lleva a la pez. ¿Cuál es la verdad? Las leyendas y los mitos han quedado en el plano de la fantasía. Léase: no existe. Entonces aparece una construcción impuesta y, en cierto modo, peyorativa. Para muchos, en África, en América, es una cosmovisión que no los representa; un fantasma –o una sirena– es tan real como una piedra.

La pez, desde el lugar serio que Larralde escribe –mirar el viejo mundo para entender el actual, el uso de lo científico, el acercamiento a una figura posible, animal–, acredita existencias y formas de pensamiento de los pueblos originarios que fueron subestimadas o prohibidas.


GABRIELA LARRALDE

«Si uno piensa en una mujer anfibia, acá, en el 1500, los marineros que pasaban eran conquistadores que venían a arrasar con todo y a matar a su paso. Entonces es muy difícil pensar en una sirenita tranquila, blanca, rubia, cantándoles. Tengo la sensación de que esa sirenita puede existir en Dinamarca; pero acá es la pez. Acá tiene piernas, es marrón, es aguerrida, no se banca el cautiverio.

Es una pez que trata de nunca de ser pescada.

Hay algo para trabajar y es que muchas veces el victimario no se reconoce como tal».¹

LA PEZ – GPS

ISLAS DE APIPÉ

¿Donde encuentran a la pez? En las islas de Apipé, prov. de Corrientes, Argentina. Les dejo un link de interés:


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¹ G. Larralde. Podcast Notas al Pie, Radio 10.

 

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