Paisajes: despedida fosforescente en Casapueblo

Gracias, Sol, por invadir la intimidad de mi atardecer y zambullirte en mis aguas. Ahora serás la luz de los peces y su secreto universo submarino. También de los fantasmas que habitan en el vientre de los barcos hundidos en trágicos naufragios. Gracias, Sol, por regalarnos esta ceremonia amarilla. Gracias por dejar mis paredes blancas impregnadas de tu fosforescencia.

Chau, Sol. Gracias por provocarnos una lágrima al pensar que iluminaste también la vida de nuestros abuelos, de nuestros padres y la de todos los seres queridos que ya no están junto a nosotros pero que te siguen disfrutando desde otra altura. Adiós, Sol, mañana te espero otra vez…

Carlos Páez Vilaró. Extracto de su poema dedicado al sol que se recita todos los días, cada tarde, en Casapueblo.


atardecer fosforescente - casapueblo

La vista parece de ciencia ficción; pero no, pocas cosas son tan genuinas como la despedida fosforescente de la luz en Casapueblo.


Es como dicen: Páez Vilaró fue el hombre que atrapó el sol. Él ya no está, pero su refugio en Uruguay hará su trabajo por toda la eternidad y para todos los visitantes.

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