Visita monstruosa a Notre-Dame

En la Île de la Cité funcionó, por siglos, el epicentro de la ciudad: vivieron celtas, romanos; y finalmente los franceses fundaron su capital. Allí están las huellas del París antiguo, del primer París. Hay construcciones y monumentos de la época medieval (incluso de antes).

Notre-Dame tiene más de 800 años. Es majestuosa, famosa, hermosa y turísticamente espantosa. Como Catedral es símbolo del dominio y poderío de una época; como Anciana Señora de París es una sobreviviente del Tiempo y de la Historia que ha logrado milagrosamente perdurar en medio de guerras, revoluciones, bombardeos e invasiones. Conocerla es al menos simbólicamente emocionante, y habrá que apurarse porque se necesitan más de 100 millones de euros para que no se derrumbe.


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Se puede darle la vuelta y conocer su fachada típicamente gótica; entrar (incluso rezar, con tanto turista es fácil olvidar que es un lugar de culto) y, tal vez lo más excitante, subir a las Torres.

Mucha gente hace visitas express o recorridos maratónicos en sus viajes. Eso suele incluir los exteriores de los principales puntos turísticos. Para entrar a Notre-Dame no se requiere ticket, es gratis y hay que hacer una fila en el frente. Se ve aterradoramente larga; pero a no espantarse, avanza.

El Tesoro, que está en una salita aparte en el interior de la Basílica, es opcional y se paga por ello. Teóricamente, aquí están los restos de las Sagradas Reliquias, incluida la Corona de Jesucristo. Por debajo de la plaza de Notre-Dame, las ruinas de la ciudad romana que existió en la época de la Antigüedad pueden visitarse (hay que buscar la indicación en la explanada).


SUBIR A LAS TORRES, ENTRE MONSTRUOS PERO SIN QUASIMODO

La Catedral se hizo famosa con el libro Notre-Dame de París de Victor Hugo y con las películas que se desprendieron de él. Según la historia, un entrañable personaje vivía en las Torres de Notre-Dame: el jorobado y sordo campanero Quasimodo. Es posible conocer su hogar y su campana y, al mismo tiempo, vivir una experiencia “monstruosa” con unas preciosas vistas de París. Eso sí, 400 escalones y un filón.


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Visita al último nivel: malla protectora, tiempo máximo de 10 min, vistas panorámicas. Campanario: los campanones, “Emmanuel” del 1600 y “Marie” del 2013, que se ven sólo suenan para las Fiestas (las que se escuchan son otras). Sordo no se vuelve, cansado puede ser, especialmente luego de las enroscadas escaleras.

Se entra por el lado izquierdo de la Catedral (mirándola de frente). Hay un letrero indicador y una fila por la calle lateral (distinta a la de ingreso principal) que es muy larga y muy lenta. Los tickets se sacan allí mismo, en el momento. Boletería y entrada son la misma fila. 400 escalones parecen más complicados de lo que son (van muchos niños). Se visita la Galería de las Quimeras y el Campanario reconstruido. Luego del “descansillo” buscando a Quasimodo (que no está) y tras una experiencia mística con dragones y bestias aladas, se sigue hasta la cúspide de una de las Torres.

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Los monstruos despiertan de su sueño de piedra en la Galería de las Quimeras. Allí está el punto 0 desde donde se miden las distancias en París. Por debajo de la explanada, restos de la antigua ciudad romana.

La visita suele durar 1 hora; la fila puede llevar hasta 2 o 3 según la época. Se puede mejorar la situación llegando primero (una hora antes de la apertura y sólo esperar una hora). No hay ningún sistema de acceso prioritario (ni con city card). No hay baños, ascensor ni dónde sentarse. Las iglesias (no esta en particular) suelen tener código de vestimenta. Eviten ropa que muestre piernas y torso (shorts, faldas cortas, sudaderas y ropa escotada). Si es verano, ropa ligera o algo extra para cubrir (chalinas, pañoletas) puede servir. Por medidas de seguridad puede que no les permitan el paso con mochilas o grandes bolsos; o que los hagan dejar sus pertenencias en otro lugar y deban volver a hacer la fila para entrar.


QUÉ VER, QUÉ LEER

El libro de Victor Hugo (1831), Notre-Dame de Paris es un clásico. Si prefieren, hay cine; tres versiones de “El jorobado de Notre-Dame”: una italiana (1956) con Gina Lollobrigida y Anthony Quinn; una coproducción (1997) con Salma Hayek y Richard Harris; y la animada y naíf de Disney (1996). “La Bella y la Bestia”, el musical de 2017, muestra un fantasioso París visto desde lo alto de un molino; al fondo, una imaginada Notre-Dame medieval.


¿DUDAS, CONSULTAS?

www.monuments-nationaux.fr

tours-notre-dame@monuments-nationaux.fr

 

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