Góndolas, traghetti y vaporetti: un asunto de hombres

Venecia, como todos saben, tiene góndolas y tiene canales. Ser gondolero no es para cualquiera: antes de calzarse la remera rayada, debe estudiar y pasar un examen. Luego, será dueño de su propia góndola y se ganará la vida trasladando turistas por un media hora (con un dinerillo extra, y si el humor y las cuerdas vocales lo acompañan, quizá, hasta cante).


¿Sabías que hay una sola mujer gondolera en Venecia? Pasó su examen y ahora anda de rayado, muy sonriente, ofreciendo sus servicios. Pero no es dueña de su góndola (ni lo será), la arrienda a otro gondolero cuando él está con licencia; y, fundamentalmente, es la única. Las malas lenguas cuentan que las góndolas tienen dueño y que todo queda entre familia. Mejor dicho, entre los hombres de algunas familias.


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Las góndolas, largas y estrechas, han permitido por siglos el transporte entre diminutos espacios. Quienes manejan estas antiguas embarcaciones son muy hábiles: no es nada fácil dominar el remo, mantener la embarcación derecha, todo de parado, en altura y, ni hablar, si justo hay que atender el móvil (foto abajo) o hay mucho tráfico de gondoleros.

PASEAR EN GÓNDOLA

Subirse a una góndola es el sueño de muchísima gente de todo el mundo. El sueño suele ser bastante romántico y, a veces, viene acompañado de la imagen de un simpático gondolero cantando “O sole mio” o “Venecia sin ti” en exclusiva. Gondoleros simpáticos no son tan frecuentes, cantantes un poco más. Pero gondoleros hay, y muchos. La mayoría de ellos son tipos apurados por conseguir pasajeros ilusionados con el amor.

Aunque en todos los rincones de la Tierra, hay personajes curiosos: por ejemplo, un gondolero metalero. Es una versión de motoquero norteamericano, estilo Harley Davison, pelado, barba larga hasta el esternón, anteojos oscuros y brazos tatuados; pero en góndola y con el típico uniforme. ¿Irá con los turistas, en la góndola, sacudiendo la cabeza al ritmo de ACDC ?


¿Te gustaría conducir una góndola? En Row Venice, el club y escuela de remeros que está en el barrio de Cannaregio, ampliaron sus actividades a los turistas. Se puede tomar una clase de una hora y media (por el mismo precio que una góndola típica de 30 min) con la inmensidad y el maravilloso aire de la laguna veneciana en la cara, sin turistas bulliciosos y con la encantadora compañía de las profesoras que hacen esta actividad con mucho amor y de una manera muy relajada.


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Todas las góndolas pertenecen a una misma empresa, son negras y tienen paradas oficiales. El paseo promedio dura 30 min, cuesta 80 euros y lleva entre 1 y 6 personas. Por otro costo hay paseos personalizados. Row Venice es toda una aventura y una experiencia diferente: se puede conducir, junto con los instructores, una góndola por recorridos poco habituales (“mar abierto” en versión laguna). Attenti: después, los brazos, a la basura.

OTRAS OPCIONES ACUÁTICAS

Venecia es puro canales y agua. Supongamos que necesites cruzar el Gran Canal; estás al otro lado de tu destino, justo enfrente, lo ves, lo sientes, lo hueles… La góndola para estos casos no se usa. Si hay apuro, caminar tampoco es una buena alternativa y nadar… nadie va nadando en Venecia. Entonces es cuando puede servir el traghetto (la versión taxi): un poco más económico que la góndola, hace trayectos fijos (cortitos), lo conducen dos gondoleros y lleva a varias personas (un “uber” compartido). Las estaciones son verdes. Además de cruzarte, sacan un poco el gusto a góndola (sin su encanto).

El vaporetto es el bus veneciano. Hay muchas líneas, estaciones (fermata), combinaciones y recorridos. Se denominan por números y funcionan como el metro de las metrópolis. Lo usan turistas y locales: con bicicletas, con maletas, con perros, con el carrito con las compras (incluido pescado fresco del Mercado Rialto), con carros con niños, con niños corriendo, con gente grande con bastón, con gente en silla de ruedas, con gente sacándose selfies, con gente sacando fotos a los paisajes, con gente mirando el paisaje (son cada vez menos), con gente durmiendo, con grupos con guía… En fin: con gente.

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Para cruzar el Gran Canal, hay que olvidarse de góndolas. Caminar puede implicar darle vuelta a toda la isla (porque sólo hay 4 puentes). El vaporetto es la opción más económica. Funciona de día y de noche, se toma en la fermata (arriba derecha) donde siempre hay un mapa (ideal orientarse). Los biglietti pueden ser simples (para un viaje) o por 24, 48 o 72 hs (con viajes ilimitados). Se compran en las máquinas (tarjeta o efectivo) de todas las estaciones; también en las boleterías (al menos en las más importantes). Es muy importante validar el ticket (hay inspecciones).

Es una excelente opción para conocer toda Venecia por agua (hay líneas que dan la vuelta entera al Gran Canal) ─incluidas Giudecca, Murano, Burano y Torcello (por cuenta propia, sin tours)y para paseos nocturnos con preciosas vistas de la laguna y los palacios iluminados. Muchas personas usan el vaporetto ni bien llegan a Venecia para ir a su hotel, desde la Estación de Trenes Santa Lucía (o a la inversa). Este trayecto, dicen, puede ser una odisea: que los vaporetti van colapsados, y subirse con maletas… ¡uff! Para otros es simple, rápido y cómodo. No todos los vaporetti son iguales, algunos son semi abiertos, otros completamente cerrados (habrá que pensarlo según el clima).


Observar cómo trabaja el personal del vaporetto es curioso y una oportunidad de conocer profesiones atípicas para las grandes metrópolis. “El señor de los nudos”, por ejemplo, con sus manos enguantadas, amarra y desamarra el barco con una habilidad y rapidez impresionantes.


Además de vaporetti, traghetti, góndolas y embarcaciones privadas que hay circulando, Venecia se puede recorrer entera caminando. Quizá no tan rápido ni tan cómodamente (y, en lo posible, sin maletas): hay adoquines, puentes, puentecillos, escaleras, escaleritas, callejuelas donde pasas sólo de lado, mucha gente perdida, mucha gente dejándose perder, señores prepotentes con carros trasladando valijas de turistas. Pero hacerlo es divino, caótico, sorprendente, laberíntico y, sobre todo, único. Venecia es única.

 

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